Los cadavéricos perros de Tristana Landeros

Perros contradictorios de Tristana Landeros.Jesucristo, Ernesto Guevara, James Dean y Amy Winhouse son ídolos del presente que no compartieron tiempo, espacio ni ideologías. En común poseen sin embargo su condición de ídolos y sobre todo la paradoja que determinó su asunción definitiva al panteón de los ilustres: ¿Enfrentar? ¿Provocar? una muerte demasiado temprana. Sus rostros adornan playeras, grafitis, muros de Facebook, botellas de alcohol. No es nuevo el suceso. Tampoco es nueva la idea. La publicidad casi reza: Llévelos intactos, bellos, jóvenes siempre. Rostros mecánicamente repetidos hasta el cansancio, rostros lozanos aunque hayan padecido anorexia, rostros coloreados una y otra vez, rostros a prueba del tiempo, demuestran que la humanidad prefiere hermosos cadáveres para decorar su archivero de símbolos.

Del otro lado del río, entre quienes se atrevieron a envejecer y exhibir sus arrugas, se encuentran figuras con menos suerte en el imaginario popular. Ho Chi Minh, Paul McCartney, Brigitte Bardot y Fidel Castro forman parte de una lista de personalidades públicas que cometieron el error de negar la seducción de Caronte y vivir largas vidas. Son espíritus revolucionarios trastocados en sedentarios por esa condición inherente a la materia llamada tiempo. Lo que la sociedad no les perdona en realidad es la demacración de los rostros, las jorobas en los hombros, las carnes macilentas, los cabellos amarillos. Jamás podrán adornar banderas de rebeldía en un planeta donde todo debe ser delgado, tonificado y hermoso; donde nadie quiere que le pongan de frente a sus propios defectos.

De ese mismo lado del río, casi siempre ingrato y casi siempre en penumbras, se encuentran todos los personajes de Perros contradictorios devoran mi cadáver, pieza teatral escrita por la dramaturga Tristana Landeros (San Luis Potosí, México, 1974). En un acto, conformado por diez escenas, se concentran los traumas y temores de “músicos underground en México”. Y con esta presentación —propuesta por la autora en la introducción— cualquiera podría pensar que el ego y la frustración son los temas centrales de la obra. Pero no. El ego y la frustración de los viejos rocanroleros S.A.T.A.N y Nina funcionan como mascarada ideal para el verdadero drama: envejecer en una sociedad que no tiene espacio para la vejez.

Desde la primera página Landeros desnuda el discurso de su obra. Presenta a los personajes divididos en varios grupos: los protagonistas, los “incidentales que contribuyen a contar la trama”, los que representan “el sistema capitalista”, y la “Época: actual (lo que parecen NO entender los personajes principales)”. Son precisamente esas las líneas temáticas de su pieza: el devenir del universo artístico, específicamente del rock con sus constelaciones de estrellas mayores y secundarias, sumido en el ritmo destructivo de un mundo capitalista que impulsa al consumo con la misma agilidad con la que deshecha a quienes ya consumieron su parte.

Todo lo ubica Landeros en un tiempo marcado por el uso y abuso de las nuevas tecnologías. Televisión e Internet juegan un rol fundamental en el destino de los personajes. Tanto Nina como S.A.T.A.N ostentan doble condición de víctimas ante los medios masivos de comunicación: saben que por su vejez y violenta historia de vida al llegar a cualquier show serán utilizados como atractivos de circo, pero aceptan dicha situación porque sus esperanzas de volver a cantar sólo las hallan en la materialización de ese circo.

“Es ir contra mi postura, venderme por unos cuantos minutos al aire”, protesta S.A.T.A.N después de que Nina le propone ir juntos a un show de televisión. Finalmente accede. Aún se siente rebelde. Pero sueña con volver al escenario y no tiene demasiadas oportunidades. Está viejo. Él, sin embargo, no es la única víctima. A su hijo Whisky le duele la infancia disfuncional que le dio su familia, el nombre que al nacer recibió de su madre Nina. Mas la única manera que encuentra de romper con ese universo de rencores es enajenándose en la ilusión de un chat en línea.

La dramaturga construye así una historia que reúne a personajes en apariencia opuestos. De un lado están los contradictorios, lacerados física y emocionalmente, traumados que anhelan ser rebeldes a costa de todo (Nina; S.A.T.A.N, Lenny) y del otro los convencionales, los que la sociedad acepta como “normales” (The Loco; Steve, el conductor de televisión; Whisky). Todos son cadavéricos perros devorados por las demandas de originalidad de su presente.

Nadie es inocente en la obra de Landeros. Ni los viejos músicos nostálgicos que conforman la banda de rock llamada Perros Contradictorios; ni los jóvenes como El Pariente o Whisky. Aunque sospecho que la pieza podría tratarse de viejos escritores; o de deportistas de alto rendimiento jubilados; incluso de antiguos albañiles. Pues la única culpa que en realidad comparten todos los personajes es la de aceptar, sin demasiados remordimientos, el discurrir de una sociedad que les impone desigual destino. Detrás de la pieza no llega a sostenerse un discurso político en el sentido retórico del término, pero aparece explícita una marcada postura crítica ante determinadas realidades sociales. Lo más llamativo es que esta denuncia llega en tono permanente de hilaridad y absurdo, como herencia de la mejor muestra de teatro latinoamericano del siglo XX.

A nivel dramático, estas preocupaciones se traducen además en una obra ágil, con entrada y salida frecuente de personajes. Estos cantan, gritan, se drogan, tienen sexo y evocan temas musicales, temas que, aunque no estén enunciados como anotaciones, se adivinan como la propuesta de fondo musical que la dramaturga hace para una posible puesta en escena. Diálogos breves con lenguaje sencillo, colocan al receptor frente a una realidad aparentemente hiperbolizada, pero tristemente cierta.

Perros contradictorios devoran mi cadáver recibió la Mención Honorífica en el Certamen Internacional de Literatura “Sor Juana Inés de la Cruz”, convocado por el Gobierno del Estado de México, a través del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal, en el año 2013. La cuidada edición del Fondo Editorial del Estado de México (FOEM) espera ahora por ser llevada a escena.

Entre los retos para quien se decida a hacer la magia definitiva y trastocar las palabras en acción, se halla la manera particular en que la dramaturga ubica a México como contexto inmediato de su pieza, pero sin abusar de los estereotipos del ser mexicano. El lenguaje y las referencias estéticas y contextuales de las que Landeros rodea a sus personajes son universales, y como tal deberían teatralizarse. En definitiva, la música, el humor y la crítica social que conforman la pieza también exceden cualquier geografía, para ponernos de frente a una realidad mucho más preocupante cuanto más generalizada.

Publicado originalmente en la revista mexicana Letras Explícitas.

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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