Todas las hijas de la India

Protests In New Delhi Against Current Rape Laws
(Foto: Daniel Berehulak/Getty Images)

Planos medios y cerrados, testimonios y recreaciones de espacios, son los principales recursos empleados en el documental India’s Daughter, para denunciar la violación múltiple y la consecuente muerte, en diciembre de 2012, de la joven estudiante universitaria Jyoti Singh. Un hecho que, como trasciende en el audiovisual, despertó de inmediato una fuerte oleada de manifestaciones en Nueva Dheli que se extendió a todo el país, a favor de la seguridad y los derechos de las mujeres.

El documental, dirigido por la británica Leslee Udwin, fue filmado y estrenado en 2015.  Su estructura narrativa carece de complejidades. Toda la fuerza dramática se deja a merced del testimonio de los implicados: fundamentalmente el de la madre y el padre de Jyoti; el de Mukesh Singh, uno de los violadores que espera por el cumplimiento de la pena máxima por ahorcamiento, y el de dos abogados defensores.

Tanto Mukesh como los abogados entrevistados muestran absoluta seguridad al decir que la violación fue un hecho natural, al tratarse de una mujer india que estaba en la calle, pasadas las 8 de la noche, con un amigo y no con un miembro de su familia. El problema es que “la frialdad” de estas declaraciones, que asegura la directora fue lo que más le impresionó, y que evidentemente luce como un hecho demente y criminal para la mayoría, se erige como una línea demasiado imprecisa de crítica. No basta con mostrar a los criminales describiendo con detalles sus actos para que el mundo se escandalice, y aprenda la lección. Un discurso de este tipo debe construirse con mucho cuidado, al menos desde lo simbólico si se quiere evitar la retórica.

La madre y el padre de la joven violada son entrevistados en espacios pulcros y semiabiertos. Su fe les permite contener las lágrimas, aunque no el dolor. Mientras los familiares de los seis violadores aparecen unos con evidente desnutrición, otros con quemaduras, o bien sentados a la entrada de sus casas en ruinas, azotados por las moscas, al lado de enfermos convalecientes. Estos sí lloran amargamente no porque sus hijos hayan violado y arrancado los intestinos a una mujer de 23 años, sino porque, presos o ahorcados, no los podrán acompañar en la vejez.

No niego la condición de víctimas que, en este caso, se pretende otorgar tanto a violadores como a violadas. Pero es indiscutible que las mujeres llevan la peor parte al ser violentadas, golpeadas, mutiladas y, por tanto, su representación en este juego de roles no debe ser tratado desde la semejanza. Tampoco el de sus familias.

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Fotograma de India’s Daughter. Las protestas.

En algunas escenas parece que India’s Daughter pretende mostrar el caso de Jyoti como la peor violación en la historia del país. A esto contribuye la desacertada traducción al español que se ha hecho del título: La Hija de la India, pues al agregar el artículo determinado se afianza la condición individual del suceso. En otras escenas la crueldad de la violación del 16 de diciembre de 2012 se referencia como “la gota que desbordó la copa”, e hizo que las personas jóvenes salieran a defender la libertad de la mujer. Pero ¿por qué “las personas jóvenes” hacen la diferencia si jóvenes, muy jóvenes, también fueron los que violaron a Jyoti? ¿Por qué como espectadores se nos permite recordar el rostro de los violadores después de sus sucesivas apariciones en el documental y jamás el de la víctima?

Cerca de una hora de testimonios e imágenes de archivo conforman India’s Daughter. En ese tiempo tampoco se da voz a Awindra Pandey, el joven que acompañaba a Jyoti en el autobús, que también fue brutamente golpeado. Pandey aseguró en declaraciones públicas, hechas en enero de 2013, que una atención médica más rápida hubiese marcado la diferencia para salvar la vida de su compañera. Pero había muchas clínicas privadas de camino al lejano hospital público. Por lo que el caso de Jyoti no solo pone en el candelero la cultura de segregación que prevalece contra las mujeres en India, sino el sistema político, económico, social.

Una de los testimonios más llamativos, sobre la que tampoco extiende su focalización el documental, es la del chofer que halló el cuerpo de Jyoti y de su amigo a un lado de la carretera. Cuenta que al pedir auxilio para ellos no encontró respuesta de ningún transeúnte, sino hasta que, mucho rato después, llegó la policía. Personas como las que acabaron de completar la condición de víctima de Jyoti Singh en diciembre de 2012, con el gesto de no auxiliarla, sin haber tenido necesidad de violarla, contribuyeron sin dudas a que se prohibiera el estreno de India’s Daughter en su país el 8 de marzo de 2015. Esto muestra que, a pesar de las carencias del material audiovisual, de las interrogantes que deja sin respuesta, aún cualquier voz es necesaria para denunciar ciertos hechos de violencia, sobre todo aquellos que se ejercen contra las mujeres al amparo de las costumbres milenarias de sus pueblos.

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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