El artista Freud, en su 160 cumpleaños

Freud-escribeEn 1971, Alejandra Pizarnik escribió su poema “Sala de psicopatología”. Es un ejercicio de verso libre, extenso y desgarrador. Desgarrador como casi todo lo que salió de las manos atormentadas de la argentina. Aunque digamos que este es especialmente duro. Fue escrito en el ocaso de su cordura, durante su última estadía en el Hospital Pirovano, en la Avenida Monroe de Buenos Aires, justo un año antes de suicidarse.

Después de años en Europa

Quiero decir París, Saint-Tropez, Cap

St. Pierre, Provence, Florencia, Siena,

Roma, Capri, Ischia, San Sebastián,

Santillana del Mar, Marbella,

Segovia, Ávila, Santiago

y tanto

y tanto

por no hablar de New York y el del West Village con ras-

tros de muchachas estranguladas

—quiero que me estrangule un negro —dijo

—lo que querés es que te viole —dije (¡oh, Sigmund! Con

vos se acabaron los hombres del mercado matrimonial que frecuenté

en las mejores playas de Europa) […]

Alejandra migrante, Alejandra insomne, Alejandra que consume anfetaminas, Alejandra asmática, Alejandra tartamuda, Alejandra surrealista evoca a Freud en su poema —más de una vez—, aunque André Breton haya alertado que en realidad el psicoanálisis era solo una moda, “una de las más prósperas agencias del charlatanismo moderno” que podría hallarse en “la consulta del doctor Freud, con aparatos para transformar los conejos en sombreros”.

Según Leonel Trilling la psicología freudiana no dejaría de ser atractiva, a pesar de las críticas de Breton y de muchos otros, porque el médico austriaco logró construir un “relato sistemático de la mente humana que, en sutileza y complejidad, interés y fuerza trágica, merece compararse con la masa caótica de discernimientos psicológicos que la literatura ha acumulado a través de los siglos”.

Freud nació en Freiberg, población industrial del entonces imperio Austriaco, el 6 de mayo de 1856. Fue el mayor de seis hermanos, de una familia judía. En 1881 se graduó de Neurología en la Universidad de Viena. Hasta 1885 se mantuvo al lado de su maestro, Ernst Brücke, tratando de probar que el funcionamiento del organismo y la constitución de la personalidad de los seres humanos se debían estrictamente a fuerzas físico-químicas. El fracaso de este intento reduccionista fue el que lo condujo hacia la psiquiatría. Vivió en París, luego en Berlín, donde desarrolló investigaciones sobre el uso de la hipnosis en el tratamiento de la histeria. En 1886, regresó a Viena, se casó con Martha Bernays y abrió una clínica privada.

En esos años, como colaborador de Josef Breuer conoció el caso de Anna O. a quien Breuer había tratado con hipnosis entre 1880 y 1882— cuando la joven adquirió una enfermedad conocida hoy como Trastorno de Conversión. La insistencia de Freud por continuar con las investigaciones sobre el tratamiento mediante catarsis, a pesar de la atracción que Breuer y su paciente confesaron sentir mutuamente, es señalada como la principal causa de la fractura de las relaciones entre el austriaco y su mentor.

Luego de esta separación cada uno continuó sus respectivas investigaciones. En 1899, Freud publicó La interpretación de los sueños, al que él consideró su más importante creación. Con el ensayo inauguró el psicoanálisis como disciplina científica. Sus planteamientos sobre la libido, la sexualidad infantil, el inconsciente en la sexualidad, los sentimientos conscientes y la represión, fueron rechazados por la comunidad científica. Hasta que en 1909, en un mundo cambiante y en crisis del positivismo, Freud recibió el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Clark, en Massachusetts. Sus teorías comenzaron a ganar adeptos.

En toda su obra sobresale su admiración por la filosofía y la literatura, pero específicamente por la poesía. Basta con citar uno de sus más célebres ensayos, “El malestar de la cultura”, escrito hacia 1930. Allí hizo público cierto pesar por no haber sido poeta. Después de citar ideas o fragmentos de obras de Goethe, Voltaire, Galsworthy, Shakespeare y otros, para ejemplificar las formas en que el ser humano se relaciona con su cultura circundante, el psicoanalista escribió:

No podemos por menos de suspirar desconsolados al advertir cómo a ciertos hombres les es dado hacer surgir del torbellino de sus propios sentimientos, sin esfuerzo alguno, los más profundos conocimientos, mientras que nosotros, para alcanzarlos, debemos abrirnos paso a través de torturantes vacilaciones e inciertos tanteos.

Freud percibió a la poesía como expresión elevada del sentimiento y padecer humano. Lo que no supo es que las influencias de sus teorías en la literatura se producían desde ese momento en dos sentidos: en la apropiación de su figura como personaje y en las herramientas que el psicoanálisis legó a la crítica literaria para la comprensión de obras, personajes y autores. En el centenario de su nacimiento, la revista Ciclón le dedicó un número especial. Virgilio Piñera publicó allí su conocido ensayo “Freud y Freud”:

Puede ocurrir que al cumplirse otro centenario del nacimiento de Freud parezca anacrónico su método, que se descubran sorprendentes falsedades y hasta flagrantes supercherías. […]

Quedarían así al descubierto los artificios del psicoanálisis: ahora bien, esta ganga, al ser puesta de lado, dejaría ver en toda su magnitud a Freud gran artista. […] Freud es un gran artista en tanto que intérprete de la oscura vida psíquica del hombre.

No hubo que esperar otro centenario. Hacia la década de 1970, esta dualidad del psicoanalista se hizo cada vez evidente. En esos años escribió Alejandra Pizarnik su poema. También nació en México, en 1972, “El principio del placer”, narración de José Emilio Pacheco, con una estructura de diario adolescente. José Emilio empleó así la frase más recurrente del ensayo El malestar en la cultura, la misma que Freud utilizó, en 1920, para dar nombre a otro ensayo: Más allá del principio del placer.

Como presagió Piñera, hoy es muy fácil detectar algunas flagrantes supercherías en el psicoanálisis. Leopoldo María Panero escribió en el prólogo de El Tarot del inconsciente anónimo, en 1997, que debe considerarse al loco como un semejante. Y al ser cuestionado al respecto en 2007 aseguró: “Exacto. La inmoralidad de Sigmund Freud no es el sexo sino no tratar al paciente como un semejante”.

Las teorías de Freud condensaron las preocupaciones de un siglo, y resumieron buena parte de lo que sus contemporáneos estaban debatiendo, al definir felicidad, cultura, sexualidad, religión. Hoy no podemos deshacernos de él ni de sus errores, porque sus investigaciones, más o menos sustentadas científicamente, sí se convirtieron en el espíritu de la literatura de más de un siglo y porque él, a través de otros, ha renacido como poeta.

Freud: —escribió Pizarnik—

“La pequeña A. está embellecida por la desobediencia”, (Cartas…)

 Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica.

Sin duda, muchas claves las extrajo de “los filósofos de la naturaleza”,

de “los románticos alemanes” y, sobre todo, de mi amadísimo Lich-

tenberg, el genial físico y matemático que escribía en su Diario cosas

como:

“Él le había puesto nombre a sus dos pantuflas”

Algo solo estaba, ¿no?

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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