El Apocalipsis de “Suburra”

Sub5-600x398El Papa que por primera vez, en siglos, decide abandonar sus responsabilidades en el Vaticano y volver a ser un soldado raso de la fe, provoca el llanto en sus discípulos más cercanos, provoca la decepción entre quienes primero se enteran. Pero la discreción en el cónclave deberá mantenerse durante dos años más. Nadie imagina que la radical postura es, en realidad, una señal ¿divina, humana? de que el mundo está a punto de acabarse… al menos en algunos barrios de Roma.

El director italiano Stefano Sollima (n. 1966) apostó por esta metáfora para llevar al cine su película Suburra, estrenada en octubre de 2015 y concebida como una adaptación de la novela de Giancarlo De Cataldo. Suburra es un filme de acción, un thriller europeo de la mejor calidad, cargado de símbolos religiosos y sombras políticas.

El Número 8, interpretado por Alessandro Borghi, es un joven mafioso ansioso por mantener el control sobre el barrio que le heredó su padre. El asesinato de un chantajista desata un conflicto entre su familia y otras involucradas en la mafia, una guerra a balazos que comienza a afectar los planes financieros para modernizar el litoral de Roma. El Número 8 lleva dos alas tatuadas en el cuello, cual ángel del apocalipsis, bola negra del billar. Sus acciones, efectivamente, son el principio del fin de la paz.

Las actuaciones son brillantes. Lucen a plenitud los matices y contradicciones de cada personaje, desde el político corrupto, interpretado por Pierfransesco Favino, hasta el débil empresario (Elio Germano) que hereda las deudas de su padre suicida y termina, en su desesperación, asesinando al líder de una de las pandillas más peligrosas de Roma.

La trama es ágil, las historias de poder, dinero y corrupción se mezclan en las altas esferas, partiendo casi siempre de acontecimientos personales, decisiones individuales. Cada hecho tiene sus propias, graves consecuencias en Suburra, el barrio de tabernas y prostíbulos de la antigua Roma.

Un elemento sobresale por mucho en el filme: la fotografía. Las escenas de desnudos, de suicidios y asesinatos poseen la misma carga de belleza visual. La composición de la imagen que rompe, en apariencia, con la crueldad de cada anécdota, casi siempre termina, sin embargo, apoyándola por contraste. Desde los antiguos puentes de Roma se puede lanzar un hombre y morir al instante, mientras en la habitación de un hotel de construcción clásica, una hermosa menor de edad puede morir de sobredosis.

Todos los muertos de Suburra dejan de respirar bajo la lluvia, actante fundamental durante todo el filme. El agua no alcanza para limpiar tantos pecados, parece sugerir el montaje; el agua puede ser una plaga, puede representar el nuevo diluvio universal al que esta vez sobrevivirán los más despiadados. A nivel filmográfico, el agua dota a Suburra de una identidad particular, de una intención visual contundente que contribuye a mantenernos al borde de los asientos durante sus más de dos horas de duración. El agua es, en Suburra, narrativa y emotiva, como suele ser la música en el cine.

¿Quién dijo que el Apocalipsis era el fin del planeta Tierra? También puede ser el fin del mundo de cada persona. Es sábado 12 de noviembre de 2011, por fin todo parece ir tomando su cauce en la hermosa Roma.  Pero el primer ministro Silvio Berlusconi anuncia su renuncia, abandona la sede del Palacio de la Presidencia, y con él caen al suelo todos los pactos políticos y mafiosos que habían mantenido la guerra contenida en las calles de ciudad. Suburra termina  cuando comienza el Apocalipsis anunciado en su historia.

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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