Mi corazón es la piedra donde… ya sabes

Mi corazón es la piedraNo es un secreto. Hay libros que marcan nuestras vidas, que las transforman o las hacen insignificantes. Hay libros así, con magia y suerte… o, simplemente, libros bien escritos que navegan contra viento y marea en el mar de la mediocridad literaria que por momentos ahoga a la literatura contemporánea.

Mi corazón es la piedra donde afilas tu cuchillo, de Luis Carlos Fuentes, fue el primer libro que recibí como regalo cuando me fui a vivir a México. Me lo entregó su autor, que se había quejado horas antes de ceder demasiados ejemplares a las amistades, pero a quien conmovieron las cajas de cerveza que compartimos durante nuestra primera fiesta del 15 de septiembre.  El libro, editado por Era, salió de imprenta el 10 de agosto de 2014, justo cuatro días después de que me mudara a ese país para construir una nueva vida. Debo confesar que, paradójicamente, fue el último libro que leí por completo cuando otra vez seguí camino.

Sin embargo, el primer y fragmentado acercamiento a Mi corazón es la piedra donde afilas tu cuchillo, aunque breve, ya auguraba un hallazgo encantador. Por culpa de la ingenuidad de “Constanza” dejé pasar mi parada en la entonces desconocida ciudad de San Luis Potosí. Y el narrador de “Aleika” fue el primer mexicano a quien odié con toda mi alma, y a quien he seguido odiando en al menos otra versión del cuento publicada por el autor.

¿Qué tienen en común los siete cuentos que conforman Mi corazón es la piedra donde afilas tu cuchillo? Como a México, los une la muerte. El carácter fantástico que hace alucinar al lector en “Aleika”, se reitera en “El sabor amargo de la cerveza”, “La causa errónea del amanecer” y “Florecita rockera”, tornándose amargo realismo en “Corpus delicti (técnica mixta)”, “El mejor padre del mundo” y “Constanza”. Pero como todo buen realismo latinoamericano, se trata de un realismo mágico, excelentemente definido por Alejo Carpentier, mejor empleado por Gabriel García Márquez y luego por Carlos Fuentes, todos autores con quienes Luis Carlos dialoga de forma más o menos directa en sus cuentos.

Cómo fue que renaciste Constanza, cómo fue que volviste al mundo, porque a mí llegaste con vida, a mi cama llegaste con vida, Constanza, tanta vida que me contagiaste, traías las ganas del que acaba de llegar, cada palabra tuya era nueva, como si nunca antes la hubieras pronunciado, como si fuera la primera vez Constanza, ahí, en mi cama, debí adivinar que acababas de nacer, porque traías la fuerza del primer vagido, porque si no hubieras renacido vivirías tu muerte como vive su vida un inmortal, no tendrías ninguna otra muerte que esperar (“Constanza”, p. 99).

De la escritura de Luis Carlos Fuentes atrae su universalidad. Nacido en el D.F. en 1978, radicado en San Luis Potosí por años, con estudios de cine cursados en París, Luis Carlos toma lo mejor de la tradición literaria de su país, desatada de localismos, para escribir un libro de cuentos que, a pesar de transcurrir en México, tiene un tono universal.

El manejo de un narrador en segunda persona en “Corpus delicti (técnica mixta)” y la excelente construcción del flujo de conciencia del narrador protagonista de “El mejor padre del mundo” prueban la madurez en la voz del autor. Para confirmar este manejo del lenguaje, y su herencia de la mejor literatura del continente, puede mencionarse además el uso de lo onírico, la genial recreación de la duermevela en narraciones como “El sabor amargo de la cerveza” y “Florecita rockera”, un ardid reiterado en sus cuentos que recuerda las mejores expresiones de la obra de Jorge Luis Borges.

La música se reanudó. Los clientes de la mesa de al lado continuaron su partida de dominó (¿cuándo entraron al tugurio?, ¿cuándo empezaron a jugar?). La mesera limpiaba con un trapo su sangre revuelta con mezcal.

Papá volvió a sentarse junto a mí (“El sabor amargo de la cerveza”, p. 44).

Cada cuento de Mi corazón es la piedra donde afilas tu cuchillo tiene vida propia. Las anécdotas dotadas de un ágil ritmo, se unen al atractivo contenido de las historias, naturalizado desde lo increíble, para conformar un libro que puede leerse de una sola sentada.

Luis Carlos Fuentes no es un autor joven que experimenta a través de las voces de sus personajes. Él es un autor maduro, a quien el mismísimo mercado editorial debe exigirle más publicaciones. Ahora Mi corazón es la piedra donde afilas tu cuchillo no es sólo el libro que me dio la bienvenida a México, también es el libro con el que me despido de esta tierra mágica, de aparecidos y zopilotes, el único lugar del mundo donde podrían haberse escrito los cuentos de Mi corazón….

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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