El Divo de Juárez

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Recibo la noticia de que Juan Gabriel ha muerto. Hoy, domingo 28 de agosto de 2016, tengo la certeza de que se ha vuelto inmortal. También se ha convertido en trending topic en Twitter, y sus composiciones deben estarse reproduciendo por millones en YouTube.

Pienso en mi abuela, tan lejos de mi. Y recuerdo las cientos de canciones del mexicano que conocí en la voz de ella. “Querida…”, “Noa, Noa..”, “Hasta que te conocí”, llegan desde la memoria, mezcladas, para bombardear mi espíritu. Busco un texto que escribí hace años sobre el Divo de Juárez y lo pego en este blog.

Juan Gabriel se ha vuelto inmortal, es cierto, pero se ha llevado con él este domingo.

II

La fama de Juan Gabriel comenzó por casa. Nació en Parácuaro, estado de Michoacán, el 7 de enero de 1950. En 1971, su primer disco se convirtió en un éxito internacional. Vendió millones de copias en Europa, en un ascenso que, por mucho tiempo, lució indetenible.

Se convirtió en ídolo de multitudes. Rompió los récords de asistencia a conciertos en México. Ni grupos pop, ni bandas norteñas, es Juan Gabriel quien ostenta aún las mayores cifras de asistencia a eventos culturales en las últimas décadas.

Todos los ojos de la farándula puestos sobre él, lo colocaron en el centro de sucesivos escándalos sobre impuestos mal pagados, promiscuidad, problemas de salud y, claro, homosexualidad.

En 2002, en una emisión del programa de televisión mexicano Primer Impacto, el entrevistador le preguntó al artista qué opinión tenía sobre los comentarios de un historiador que achacaban la fama de Juan Gabriel a una ruptura de “las barreras sexuales en el escenario porque explora el arte femenino”. “El artes es femenino”, respondió el Divo de Juárez.

Pero el entrevistador no se detuvo: “Juan Gabriel, Juan Gabriel, dicen que usted es gay. ¿Juan Gabriel es gay?”. El cantante sonrió, incómodo. “¿A usted le interesa mucho?”. Para cerrar su respuesta con una frase que retumba en las redes sociales: “Dicen que lo que se ve no se pregunta mijo”.

“Yo veo a un cantante frente a mí, veo a un triunfador”, respondió inmediatamente el entrevistador. La forma elusiva con la que ambos cerraron ese fragmento de la conversación arrojó un millón de especulaciones sobre la sexualidad de Juan Gabriel.

Una nota de la agencia de noticias EFE, replicada en 2005 por el periódico mexicano El Universal, estaba titulada “Tuvo Juanga 400 amantes en tres años”. Decía en su último párrafo: “‘En un país, como México, donde se elogia la discreción, Juan Gabriel transgrede. Sin embargo, es un héroe que jamás se ha atrevido a decir que es gay’, escribe el historiador mexicano Rodrigo Laguarda. Un ensayo de la Universidad de Kansas sobre este tema, escrito por el doctor Stacey Soward, dice que sus ‘fans’ prefieren ignorar la sexualidad de Juan Gabriel y que éste usa la polémica que genera este comportamiento para generar, consciente o inconsciente, ‘interés popular’.”

Según esta nota, la fama de Juan Gabriel está asociada en particular medida a sus imprecisiones sobre su vida sexual. En enero de 2015 se hicieron públicas noticias sobre su nominación a un Salón de la Fama para intérpretes latinos. Pero las notas sensacionalistas sobre su vida privada continuaron vendiendo más planas que sus méritos. A cada nota sobre el trabajo musical de Juan Gabriel en los portales digitales mexicanos apareció asociada al menos una noticia sobre su homosexualidad.

El 15 de septiembre de 2014, en el teatro Planet Hollywood de Las Vegas, el Divo de Juárez dio un tradicional concierto con que medios de televisión mexicanos celebran cada año el Grito de Dolores. Con un rebozo sobre los hombros y una copa en la mano, Juan Gabriel brindó por más de un siglo de independencia en México. Millones de hombres y mujeres, desde sus casas, parados en plazas públicas, y frente a vidrieras iluminadas por la pantalla de televisores comerciales, aplaudieron con éxtasis su voz y su “arte femenino”. Los mismos millones que hoy lamentarán su muerte, tarareando, otra vez, alguna de sus canciones.

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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