Mis planetas y el tiempo

tejidoSobre el televisor de la sala cuelga la caricatura de Virgilio Piñera. La dibujó Hugo, un año atrás. Bastó que se la pidiera una vez para que la enmarcara y envolviera como regalo. En la otra pared están las cruces que se coleccionaron durante los últimos viajes: Zacatecas, Guanajuato, Querétaro. Cada lugar podría intercambiarse con el nombre de algún amigo que sirvió de compañía.

En el mueblecito de madera está sentada la muñequita michoacana que Mara sacó de su bolsa una hora después de que discutiera mi tesis de Maestría, un día antes de partir. Más allá cuelga una de las dos carteritas azules que Arlene tejió para heredarme. A la casa le faltan muchos muebles. Los pocos que tiene los ha cargado Helen, la mayoría de las veces en el carro de Randy. Ella armó los escritorios, prestó su martillo, cedió cuchillos y besos en las horas más inciertas.

La olla grande la compró Ernesto. Es el símbolo del progreso en esta casa. Es el regalo que queremos comprar para todas las abuelas y tías de nuestras familias. Hasta ideológicamente se nos parece, contra todo pronóstico es hecha en China, pero comercializada en Estados Unidos… en fin, un portento. Los platos y las copas son regalos de Marelys. ¡Las copas! Seis piezas perfectas de las que casi siempre solo se usan dos. Las antiguas quedaron en custodia de Chávez y Rosy. En custodia también quedó mi servilletero favorito: un atrapasueños tejido en Tepoztlán que ahora cuida Mer, aunque la verdad debimos dejárselo a Marevna porque a ella le encantó desde que lo compramos.

¿Puede llamarse hogar este espacio? El cuadro que me regaló Wilberth, la botella de mezcal que se vació gracias a Paty, el llavero regalo del Chiqui, el collar que mandó a tejer Sara, son planetas en torno a los que gira este tiempo. Entre tanto se confunden las manos de los amigos, las historias de tres países, las vidas… jamás se confunden las marcas de cervezas.

Estar incompleta es lo más parecido al destino desde que salí de Cuba. En la isla quedaron familia, juventud y zapatos rotos. En México dejé amigas, amigos, recuerdos, tacos al pastor, los libros que no cabían en la maleta.

Dicen que quien comienza muchas veces puede volverse adicto al cambio. En noches como éstas, no lo creo. Mañana habré de preguntármelo otra vez… mañana, pero mañana será otro día.

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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