Sobre “La carne”, de Rosa Montero

la-carne-rosa-monteroQuerida Dalia Virgilí,

Gracias por esta amistad florecida en la distancia y entre recomendaciones de libros. Por suerte, Facebook sirve para mucho más que husmear en las vidas ajenas o compartir noticias falsas; y se ha convertido para nosotras en un pedacito de universo donde es posible intercambiar inquietudes y consejos literarios. El último libro que me recomendaste, La carne de Rosa Montero (Alfaguara, 2016), es toda la buena literatura que me habías anunciado y también más.

Hace un par de semanas el periódico estadounidense El Nuevo Herald ubicó a la novela entre una de las obras en español más leídas en Estados Unidos durante el año recién concluido. No es para menos. Coincido contigo en que es uno de esos libros que cuando se comienza a leer ya no se puede soltar. La fuerza de la prosa de Montero, la profundidad en la psicología de sus personajes, generan conexiones instantáneas entre el lector y la novela. ¿Es un thriller, un drama romántico, un policíaco? Quizás en el inaprensible estilo elegido por la autora radica uno de los mayores encantos de la pieza.

La narración discurre entre las preocupaciones personales y profesionales de Soledad, una española cincuentona, promotora cultural, curadora de artes plásticas, que se acerca a la tercera edad acosada por un país en recesión económica. Soledad está preparando una exposición sobre escritores malditos, y sus propias maldiciones como mujer soltera y liberal le sirven como pretexto para traer a la novela las historias de los malditos y malditas de su exposición. Soledad es, en definitiva, una de ellos.

En medio de la tensión sostenida de la historia, considero que Montero logró construir dos momentos absolutamente sublimes. Soledad decide entrevistarse con la periodista Rosa Montero porque está tratando de conseguir información sobre la olvidada Josefina Aznárez. La única persona que ha escrito antes sobre Josefina es precisamente Montero. El encuentro es una suerte de autorreferencialidad literaria en tercera persona, donde Montero se mira a través de su personaje, otorgando a Soledad la libertad de ser y, a la vez, la independencia suficiente para no soportar a su propia creadora (como siempre hemos sospechado que sucede con los grandes personajes y sus autores). Montero se reconoce además como una periodista que escribe, en un gesto de absoluta modestia que, en lo personal, aplaudo. La voz narrativa media entre las dos mujeres, en un momento de absoluta veracidad, que llega ser, como te decía, sublime.

(…) Montero sonrió y se apresuró a acercarse sorteando las mesas del gran salón.

—¡Perdona el retraso! Me lie, salí tarde, lo siento —dijo, sin aliento, mientras se quitaba el abrigo.

Por lo menos no le ha echado la culpa al tráfico, pensó Soledad.

—No te preocupes, no pasa nada. Gracias por venir.

La periodista se sentó con acelerada torpeza y en un instante lo ocupó todo: el abrigo, el bolso y la bufanda desperdigados por todas partes, el móvil, los auriculares y un montoncito de libros desparramados sobre la mesa. Su llegada fue como un maremoto. Soledad, siempre tan organizada y meticulosa, se echó hacia atrás. Se sentía invadida.

El otro momento con una carga humana, social, política, de esa belleza literaria a la que nos ha desacostumbrado —desgraciadamente— la “posmodernidad” de feria, se produce casi al inicio de la pieza. Soledad se viste para ir a la ópera con un escort que ha contratado. Mientras recuerda al último amante perdido, se descubre a sí misma envejecida, con un closet lleno de ropas caras pero que ya no la favorecen como antes. Aparentemente está viviendo un momento de iluminación que la podría guiar hacia su plenitud. Pero Soledad es una mujer en crisis, a quien nunca le ha interesado cumplir con los patrones del deber ser. Sufre su envejecimiento también porque la sociedad la confina debido a las decisiones que ha tomado en la vida. Su nombre es destino, su creadora lo eligió conscientemente y nos lo hace saber en la novela.

Sabes que no puedo comentarte mucho más sobre La carne, querida Dalia. No porque no haya muchísimo más que decir. Sino porque una petición final de la autora nos pide complicidad desde el silencio: “Querido lector, quisiera pedirte un favor. Y consiste en que guardes silencio. La tensión narrativa de esta novela se centra en el equívoco de creer que…”, creer que unos personajes son en realidad lo que no son. Y en esa tensión tan bien lograda por Montero se hallan las esperanzas de que la literatura hispanoamericana encontrará su futuro más luminoso en el reconocimiento de sus influencias, de sus clásicos, de sus malditos y sus populares, pero siempre y, por fortuna, en su lenguaje.

Muchas gracias por la recomendación querida Dalia, que se repita.

Un abrazo

 

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

2 comentarios sobre “Sobre “La carne”, de Rosa Montero

  1. Si bien Facebook es más rápido, no podía dejar de pasar por acá, por el sitio original de tu escritura para alabar el texto, tu reseña (que siento como nuestra reseña) de este libro de la Montero. Libro efectivamente arrasador. Tan feliz de haberlo compartido y tan feliz de que la misma Rosa Montero te haya leído!!!! Te abrazo y no espero menos que seguir de cerquita tu carrera literaria.

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    1. Hemos compartido este libro y esta reseña con mucho cariño, como siempre. Muchas gracias querida Dalia, orgullosa yo de tenerte en mi vida. Un abrazote

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