Los prisioneros de Trump de quienes nadie habla

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Il. Edel Rodríguez.

Somos los estudiantes extranjeros, los profesores de intercambio, los dueños de pequeños negocios privados o de algún motivo que ampare nuestra estancia temporal en Estados Unidos. Somos quienes poseemos residencia temporal (Green card) luego de alguna solicitud de asilo político, o quienes entramos por la frontera sur (y por la norte) amparados por decretos presidenciales que ya no existen. Somos quienes estuvimos algunos meses ilegales antes de cambiar nuestro estatus migratorio.

Somos parte de esos prisioneros de Trump de quienes casi nadie habla, por quienes casi nadie se preocupa; pero que experimentamos el mismo estado de pavor que la mayoría de los extranjeros que residen en este país y tienen dos dedos de frente, y se dan cuenta de que en realidad no hay que profesar ninguna religión específica para ser rechazado.

Ya no es un absurdo candidato presidencial quien lanza vacíos discursos en contra de los migrantes, ya es el Presidente de Estados Unidos quien atiza el odio hacia nosotros. Los vimos en su intervención en la Florida, este sábado 18 de febrero. Quienes lo siguen y lo admiran, cuando nos encuentren en la calle, ¿nos tratarán mal solo después de preguntarnos si somos ilegales o si tenemos antecedentes penales? ¿Cómo notarán la diferencia entre “nosotros” aquellos que comparten el odio de Trump? La realidad es que por más que algunos migrantes con pasaporte estadounidense posean la estúpida capacidad de negar su pasado, a los ojos de este rechazo que se institucionaliza desde la presidencia: todos y todas somos igual de execrables.

También los “legales” estamos evitando salir del país para no correr el riesgo de que se nos retire la visa o la tarjeta verde al momento de entrar. Si no nos queda más remedio, antes de salir leemos CNN, The New York Times o cualquiera de los muchos medios de prensa que han desarrollado listas de consejos legales sobre los derechos que ostentamos. Nos documentamos sobre qué hacer si el oficial de migración pide nuestro teléfono, averiguamos si pueden revisar nuestras redes sociales. Borramos los memes en contra de Trump que habíamos copiado, desinstalamos nuestras redes si tenemos que ir a alguna oficina de migración. Vamos a las marchas en contra del Muslim Ban, en contra del Mexican Wall, pero con un sombrero ancho que evite que nos identifiquen públicamente.

Es mentira que Trump está en contra del Islam o de la migración ilegal desde México. Trump está en contra de todos los que somos diferentes a él, está en contra de quienes no nacimos en Estados Unidos, de quienes no somos rubios ni tenemos amplias cuentas en el banco. No hay fundamento para su odio. Es simplemente el discurso ganador de este mundo absurdo. Árabes y mexicanos llevan la peor parte a medida que gana terreno su política ultraderechista. Pero ante quienes apoyan a Trump, todos “nosotros los migrantes” somos más de la misma mierda.

No se engañen tratando de justificar que se llevan preso solo a quienes permanecen ilegales en el país. Porque todos ya somos prisioneros del mismo miedo, incluso quienes hemos venido a las universidades a enriquecer los fondos editoriales, quienes impartimos clases que solo migrantes podrían dar, quienes tenemos negocios de importación que solo los migrantes podríamos traer. Solo los ciegos no tienen miedo, solo los egoístas no sienten miedo, solo los que son tan villanos de caricatura como el nuevo presidente no tienen miedo (sí, parece que lleva un siglo en el poder, pero a penas cumple un mes).

“Ustedes”, los migrantes que se amparan en su legalidad y atacan a sus compatriotas, creyendo que están a salvo del odio ultranacionalista son lo mismo que “nosotros” ante los ojos de Trump y su equipo de machos alfa (la Casa Blanca más blanca que nunca, más macha que nunca). Para quienes hemos conocido las dictaduras, esta sensación de ser prisioneros de un país que se proclama libre nos resulta demasiado conocida como para no temerle. Somos los prisioneros de Trump de los que casi nadie habla. Como consuelo: peor duermen quienes, prisioneros de su propio odio y de su absoluta ceguera, siguen defendiendo la política extremista del “so called” presidente.

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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