5 motivos para visitar la Calle 8 de Miami

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Fotos: Dainerys Machado

1) Festivales y carnavales:

La Calle 8 de Miami, sin ser el centro de la ciudad, es una de las arterias principales del sur de la Florida. Esta es una paradoja que la explica muy bien: la Calle 8 sin ser el centro es uno de los centros, y sin ser una sola calle tampoco es un largo paseo, si no un tramo breve, caminable, formado por cinco o seis calles pequeñas; pero, eso sí, bien equipadas con restaurantes, bares y otros comercios del recuerdo. Ese pedazo de Miami regala prácticamente cada mes un carnaval o un festival temático, con música en vivo, con comida cocinada ahí mismo frente a sus ojos, con permiso para beber alcohol en la vía pública. Todo esto sin contar los Viernes Culturales que se celebran el último viernes de cada mes. En esos días se cambia la decoración del paisaje y la Calle 8 se disfraza de artista y saca cuadros y esculturas a la acera. Aunque en realidad lo más divertido es siempre el alcohol, y la gente que, sospecho, ríe más de lo normal porque no tiene que trabajar al otro día. Sí, durante los festivales y carnavales, la Calle 8 se disfraza de Europa y permite que todos nos tomemos un trago a plena luz, mientras olvidamos que vivimos en una de las ciudades más agitadas y exigentes de Estados Unidos. Salud por eso.

2) El mejor cine y el mejor helado:

En la Calle 8 hay tanta nostalgia por Cuba que uno puede hacer el primer paseo que todos los adolescentes hacen solos en La Habana, el paseo más común, el más económico: Ir al cine y tomar helado… o viceversa. En La Habana, de la inmortal heladería Coppelia usted cruza al resiliente cine Yara para ver una película, que puede ser muy buena o muy mala, pero que siempre será muy barata. En la Calle 8 usted puede ir al maravilloso cine Tower, con películas subtituladas ¡en español! y luego cruzar a la famosa heladería Azúcar… o viceversa. Como en La Habana, en Miami el helado le va a costar mucho más caro que la entrada al cine.

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3) Nostalgia por Cuba:

La combinación helado-cine es solo una de las muchas nostalgias por Cuba que siente la Calle 8. Aquí la política es un fantasma que solo habita un par de monumentos mal atendidos. Pero la zona está habitada por tabaquerías con paredes de cristal, donde mujeres y hombres tuercen a mano olorosos puros; está habitada por café cubano; mojitos; sándwiches cubanos que hace años no se comen en la Isla; una frutería que se llama Los Pinareños; croquetas de pescado que no saben a pescado; banderas cubanas, cuadros de Celia Cruz, un mural dedicado a las Damas de Blanco —que parece que fue pintado en un acto de prestidigitación cuando esas mujeres tenían alrededor de 15 años de edad—. En la Calle 8 casi todo tiene el sello de Cuba, desde los restaurantes hasta las tiendas. También la gente, que allí le dirá “mamita”, “papito” y “compañera”.

4) Maní:

¡En la Calle 8 hay un manicero! Cada cucurucho de maní cuesta un dólar, precio fijo de todas las temporadas. Sospecho que es un homenaje al peso que hemos pagado siempre en Cuba por comernos esos manjares. Para cubanas y cubanos, un cucurucho de maní solo puede costar un peso, americano o de la conchinchina, pero un peso al fin. Ese mismo fruto oscuro que Mirta asegura que nos ayudó a sobrevivir el Período Especial, vendido en la Calle 8 parece un mal recordatorio de tiempos de crisis.

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5) Buena música:

Desborda los restaurantes, desafía las horas. No importa cuándo ni bajo cuáles circunstancias climáticas, en la Calle 8 siempre hay música, que se traduce en gente bailando y gritando, aunque no sepan muy bien cómo hacerlo. La idea aquí siempre es divertirse. Solo tenga en cuenta que los tonos más elevados y los ritmos más variados, se alcanzan de jueves a domingo, pasadas las 8 de la noche, a esa hora se puede bailar en plena calle o encima de la mesa del bar. La idea es siempre divertirse.

ADVERTENCIA: Estos son los mismos motivos por los cuales, si usted quiere una vida tranquila, no debe mudarse cerca de la Calle 8. La fiesta y la nostalgia lo contagiarán con la misma fuerza. Y luego no diga que esta “mamita” no le advirtió.


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Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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