La forma del agua, de Guillermo del Toro

Esto no es una crítica cinematográfica. Esto es una oda a la belleza. Esto no es un comentario objetivo sobre la más reciente película de Guillermo del Toro. Esto es un aplauso para él, y un aplauso que tiene los brazos alzados sobre la cabeza. Esto no es una valoración del silencio y la música que conectan desde el minuto uno a su guion con el público, esto es un grito de agradecimiento. Esto no es un cuestionamiento al rojo y el azul que se condensan magistralmente en una fotografía inigualable. Esto es una alabanza a una de las mejores producciones cinematográfica de la historia del cine.

No hay celular, ni Internet, ni presidente racista, ni corrupción, ni posmodernidad fragmentada, que nos haya matado la fibra del asombro, ni el amor por la belleza. Guillermo del Toro lo sabe. Guillermo del Toro nos lo recuerda con su última película; donde hace de la vieja fórmula del amor imposible, una fórmula nueva, un amor posible, que está también rodeado de crítica social, de ironía, de humor, de comprensiones.

Lo más curioso: La forma del agua reúne todos los elementos posibles para el fracaso narrativo. Tiene espías rusos que se oponen, de forma absurda, al progreso científico de los Estados Unidos. Tiene un villano grotesco, podrido por dentro y por fuera. Tiene una historia con un puñetero final feliz, al estilo de los cuentos de hadas y del “vivieron felices para siempre”. Pero es una obra tan extremadamente hermosa y sincera que, de todos modos, seduce.

THE SHAPE OF WATER

Lo más complejo: Una joven que no puede hablar, y a quien le encanta masturbarse en su bañera; un artista homosexual en sus cincuenta, que ha perdido la fe en sí mismo; una mujer negra en una sociedad segregada, son los héroes de una historia que transcurre en los años 50 estadounidenses; pero que nunca podría haber sido imaginada así en esos años.

Lo más hermoso: Que el monstruo sea bueno, que el monstruo se deje encantar por el cine y la música, que el monstruo baile; que el monstruo nos recuerde que hasta los dioses tienen defectos y pueden equivocarse (qué no quedará entonces para los seres humanos); que él, tan verde y tan alto, tan débil fuera del agua; sea la prueba de que todas las soluciones a todos los problemas de este mundo están en el amor.

Esto no es una crítica cinematográfica. Es una oda a la belleza de La forma del agua, a la belleza de The Shape of Water, a la forma creativa de Del Toro, a Guillermo y a sus monstruos. Esta es una película para ver en el cine; cine dentro del cine. Es una película que emociona en la bondad que exhibe; una obra para sorprenderse como lo hacíamos en los “viejos tiempos”, lejos de la furia de estos nuevos días. La forma del agua es un viaje al pasado y al espíritu. Y esto no es una crítica. Es solo un aplauso, uno que lleva los brazos alzados sobre la cabeza.

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Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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