¿Por qué esa lámpara de Ikea no alivia tu vacío existencial?

No es secreto que el consumo es uno de los signos de nuestro tiempo. Tan arraigada está la necesidad de comprar y comprar (objetos, ropas, muebles, teléfonos) que, en los países más pobres, la aspiración a alcanzar el nivel de consumo de los desarrollados se vuelve sinónimo de movilidad. Si me compro aquel carro o aquel equipo eléctrico puedo alcanzar ese modelo de éxito, mienten nuestros cerebros amoldados por el marketing.

La pandemia del COVID19 ha transformado los hábitos de consumo. Era de esperarse cuando el mundo lleva un año de crisis económica. La gente no tiene certidumbre económica sobre su futuro y es necesario revalorar las transacciones diarias. Sin embargo, la palabra clave es “transformado”, porque el consumismo no ha disminuido. Así de arraigada está la fórmula de comprar en la búsqueda de la felicidad.

En Argentina, los consumidores expresan ser más flexibles ahora al elegir marcas y precios; pero sin renunciar a sus gustos. En España aumentó en un 50% el consumo de carne. Y así, la lista va saltando de país en país, siempre con el factor común de un incremento en los índices de compra electrónica y una moderación del uso de comercios tradicionales.

La posibilidad de consumir más (lo que sea, lo que se desee, lo que esté de moda) es muchas veces presentada a nivel interpersonal también como una virtud. Sin embargo, no lo es.

Diferentes religiones y pensamientos filosóficos coinciden en que una de las fórmulas para una vida más plena es la contemplación. Esto se traduce en la búsqueda de la verdad que acontece solo en el momento de quietud, cuando no se está implicado en toma de decisiones.

Me interesa estas coincidencias entre religión, filosofía y sabiduría popular porque suelen indicar que la experiencia colectiva ha probado un fenómeno como cierto. Podría decirse que a lo que Aristóteles llamó la vida contemplativa, la meditación lo devuelve con su llamado a aceptar los pensamientos sin aferrarse a ellos, ni juzgarlos.

La vida contemplativa no puede ser, por supuesto, un acto permanente. Pero sí es un recurso sistemático para comprender por qué esa lámpara de Ikea, ni aquel teléfono móvil, ni ningún otro objeto podrá llenar ese vacío existencial, esa inconformidad y falta de propósito ante la vida que son, aceptémoslos, otros signos de nuestro tiempo, especialmente en grupos con cierto poder adquisitivo.

Los neurocientíficos aseguran que la satisfacción ante una compra dura 40 segundos. Después de ese tiempo el cerebro deja de reconocer el objeto adquirido como novedad, se relaja y emplea menos oxígeno. Esto significa que, menos de 40 segundos después de pagar aquello que parecía tan bonito, pero no era nada necesario, el cerebro estará necesitando comprar algo nuevo; especialmente si lo que busca es un estado de bienestar.

Nada hay más alejado de la vida contemplativa que este contentamiento instantáneo. Por eso, la peor combinación para el espíritu acaso se produce cuando, la vía de consumo ya no queda a cuadras de distancia ni a horas de manejo, sino que la cargamos todo el día en el bolsillo.

Un generador de ruido y conexión con el mundo exterior como el teléfono móvil nunca cederá espacio a la contemplación, ni al encuentro con la verdad más íntima. Esta no es una exageración. La neurociencia ha probado que tomar decisiones afecta el estado de ánimo. Y ¿qué es el consumismo y el uso de internet sino una constante toma de decisiones entre información, objetos, marcas y colores?

Como resultado, la quietud y el ritmo sugerido por la vida contemplativa han sido llamados ocios. Y sabemos que el ocio es constantemente demonizado. El celular y las redes sociales, el consumo constante de productos e información que estas representan, nos ha ayudado a volvernos nosotros mismos capital humano, según Wendy Brown.

¿Por qué las redes sociales? Porque las usamos como mecanismo de validación ante los otros, para crearnos también un valor (moral, espiritual, artístico). Esta construcción simbólica no puede ser, además, ejercicio de un día. Los algoritmos exigen atención a cambio de visibilizar ese valor. Más visible es quien más contenido crea durante más tiempo.

Automáticamente y, a diario, elegimos volvernos mercancía, números, un bien de consumo ante un otro imaginario o real; pero al que anhelamos mostrar siempre nuestro valor. Esto nos impide, muchas veces, conectar a nivel humano, porque habremos de interactuar con el otro que se presenta también como capital humano y no como sujeto. Dos capitales humanos consumiendo constantemente y compitiendo por atención, incluso de forma inconsciente.

De estas distorsiones originadas por el hacer de todo un bien de consumo y por la consecuente evitación de la contemplación, nace también el amor neoliberal. Se trata de una forma estéril de libertad, que promueve la individualidad a toda costa; que siembra sospechas entre los seres humanos, o debería escribir: que siembra sospechas entre esos capitales humanos, que no quieren arriesgarse a perder valor por culpa de otro capital humano. Por eso la lámpara de Ikea no podrá aliviar jamás ningún vacío existencial. Porque la conexión con la verdad y, a través de ella, con la vulnerabilidad y el sentimiento, no se encuentra en aquella página web de ventas, ni en los Me gusta de las redes sociales, ni en ningún acto instantáneo de satisfacción; sino en la arcaica y honesta conexión sentimental con nosotros mismos y, a través de nosotros, con el resto del universo.

Publicado originalmente en Ruleta Rusa

Volver

Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: