Un rosario de huesos, de Jorge Humberto Chávez

A pesar de que Jorge Humberto Chávez (Ciudad Juárez, 1959) no ha dejado de escribir versos desde que recibió en 2013 el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, Un rosario de huesos es el primero de sus libros de poemas que ha sido publicado desde entonces.

El valor del volumen, impreso por el Fondo Editorial de la Universidad Autónoma de Querétaro en mayo de 2020, se multiplica entonces cuando se sabe que se trata de la vuelta pública de un autor de probada importancia en el panorama de las letras hispanoamericanas; pero también que este regreso se produce en forma de edición limitada: 350 ejemplares en papel Opalina, todos enumerados y los primeros firmados por el poeta; 45 páginas de lírica que ofrecen una rampante experimentación estética, tanto en su forma como en sus temas y recursos poéticos.

Podría decirse además que si hay un libro que expresa el espíritu de este último año, lo doloroso y repentino de las pérdidas que hemos vivido; pero también la esperanza de vivir es, sin dudas, Un rosario de huesos.

Mucho se ha hablado sobre la afinidad religiosa del título, donde se alude directamente a un objeto de culto católico como es el rosario, pero también a los restos humanos y animales. No se puede obviar, sin embargo, la polifonía que hay detrás de un término como “hueso”. En una canción del puertorriqueño Daniel Santos, el hueso sería la delgadez; en México es también lo que en el Caribe llamaríamos semilla, la semilla de la uva, del aguacate: el hueso de la fruta. Y en esa semilla hay una noción de continuidad que sostiene el diálogo poético de todo el volumen, donde abundan voces e historias que apuestan por la vida, la poesía, el amor. El ciclo que se dibuja en estas páginas no se basa en la reencarnación; sino en el paso natural de una existencia que debe ser bien vivida para que tenga sentido.

A nivel estructural, hay un constante cambio de ritmo y métrica en estas páginas: poemas que inician con versos muy extensos, estos versículos que han caracterizado a la obra de Jorge Humberto Chávez y que pueden ir acortándose hasta terminar con versos trisílabos, como es el caso de “Poema nuevo”:

…estoy tirado de bruces me suspendo de la luz pensando

obsesivamente adentrándome en el pozo que soy y donde me busco con denuedo

—hace muchos días muchos años topé arribé y sigo ante el muro inamovible—

porque dispuse mis ojos para ver

mantuve mis oídos abiertos para escuchar

y tendí la mano para buscar

pero no hallé contento porque

estaba obcecado

ennoecido

hospedado en la crispación

entristado

duramente perdido

en mí

conmigo

El movimiento, que es visual y también sonoro, muestra la plena madurez de un poeta que hace de la experiencia el centro de su lírica. En este libro el lenguaje es ritmo, los signos de puntuación ausentes nacen en la oralidad, precisamente, de la cadencia que ese ritmo impone. ¿Poemas para ser leídos en voz alta?

La ciudad como ente vivo, que tanto ha ocupado a Chávez en otras de sus obras tanto poéticas como editoriales, aparece aquí a través de la presencia de las máquinas y sus ruidos: choques, arrollamientos, suicidios a golpe de timón. Esta combinación del espacio urbano y sus crueldades es explícita en el poema “En la salida de Monclova”:

Aquel perro que observaba atento desde la otra orilla del asfalto

-en la salida que está rumbo al norte de Monclova-

el cuerpo de su compañero con el cráneo

desecho por el veloz neumático

ahora sabe muy bien el riesgo de cruzar las autopistas.

Detrás de la escena, el poeta asegura que hay una experiencia puntual muy cerca de la frontera norte. Su inspiración es la visión de un perro que, en la salida de Monclova, no se atrevía a cruzar la avenida, ni aunque los autos le cedieran el paso, porque veía el cráneo de otro perro atropellado en la calle.

Esa violenta “muerte de perro” adquiere otra dimensión en el libro, lleno de alusiones a muertes violentas. Hay violencia en las pérdidas sociales, familiares, en las pérdidas familiares que también son sociales, cuando se producen a manos del crimen organizado.Por ejemplo, “Texto de San Fernando” reúne fragmentos de una nota publicada en un medio de prensa como Pie de Página, en mayo de 2017, sobre el asesinato de la activista Miriam Rodríguez que investigaba la desaparición de su hija. El poeta usa notas de periódicos como materia prima, dice que la conexión viene de su experiencia y la de su familia como periodistas culturales. Pero también parecen habitar su consciencia sobre la función social del artista. Esa que aflora otra vez en “La noche del negro elefante”, igualmente dedicado a la desesperación de las familias que pierden a sus hijos debido a la violencia que se ha sostenido en México desde 2006.

Cada poema de Un rosario de huesos es un documento, un documental (casi cinematográfico en sus acciones apuntaladas con verbos y lenguaje directo). Hay una abundancia de esta especie de poesía documental-cinematográfica, que en la obra de Chávez adquiere una dimensión otra, porque sobrepasa una obra para transversalizarlas todas.

Según la voz poética del primer poema, que es también el que da título al libro: la muerte es gracia y la poesía es vanidad. La pregunta que se me ocurría mientras leía este libro era: ¿es la poesía otra forma de muerte para el poeta? ¿escribir poesía es morir? La respuesta parece ser no, al contario. En este libro, la poesía es una forma de vivir y de vivir bien. Porque es la vida la que Jorge Humberto Chávez celebra en Un rosario de huesos, y lo hace a la mexicana, recordando que en la conciencia de lo finito se halla todo el sentido de la existencia.

Fragmentos de la presentación de Un rosario de huesos, de Jorge Humberto Chávez en el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, INBAL, de México.

Publicado originalmente en El BeiSMan

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Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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