Un país que es un teatro

El chino recuerda, el chino tiene memoria de elefante. Porque el chino es la historia de un teatro, la leyenda de una ciudad mestiza frente al espejo, pero es también la imagen del pueblo que habita esa ciudad, para reencontrarse constantemente entre sus marginalidades y nostalgias. Así lo dibuja el dramaturgo cubano Yerandy Fleites en Maneras de usar el corazón por fuera. Se trata de una revisión contemporánea de El Chino, la magistral pieza que Carlos Felipe escribió en la década de 1940. Pero también puede asumirse como una obra que tiene el valor de enfrentarse a su tradición, para rehacerla, cuestionarla, y hacer de su nacimiento una gran ironía.

El resultado es un juego de tragedias infinitas, que evoca las noches de una ciudad tan teatral como La Habana, siempre triste y siempre eufórica. Aunque en Maneras de usar el corazón por fuera, la urbe es mucho más que sí misma, es ese pedazo de país que todos llevamos dentro, que tiene muchos nombres y al que, como el personaje de Palma, siempre terminamos volviendo.

Las escenas de esta puesta giran en torno a una esquina que aparentemente es cualquier esquina, Damas y Desamparado; un lugar donde las memorias se niegan a tornarse memorias y, sin importar los fracasos políticos ni los derrumbes del tiempo, sigue cobijando a prostitutas, marineros, chulos, músicos, amantes, asesinos y otros seres universales y antiguos.

En su puesta, Alberto Sarraín asume la misma multiplicidad de teatralidades por la que apostó Fleites. Dirige este estreno absoluto colocando a los personajes y a sus creadores frente al espejo de sus propias inquietudes. Siete actores y actrices lo acompañan en esta búsqueda. Aquí todo es muy pirandelliano, y muy cubano. También muy miamense.

Palma, la misma que Carlos Felipe creó en 1947 y otra, la de Fleites, no tiene que decidir ahora entre irse a Argentina con su amante o permanecer en el mismo lugar de siempre. No. Ahora retorna a La Habana, desde la ciudad de Miami donde se exilió alguna vez. Muestra los cambios en la geografía imaginaria de un país, al que está condenada a volver eternamente para representar esa historia que ella se empeña en hallar en la memoria de los otros, en la suya, en la memoria de un lugar que ella recuerda muy bien y que es, en realidad, un teatro.

Dainerys Machado

Pinecrest, 4 de agosto de 2019

Palabras al programa de la puesta en escena en Miami

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Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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