Agua de Marzo: Emprendimiento en Cuba

En el último piso de un edificio de apartamentos del Mónaco, en La Habana, Cintia Núñez ahora mismo está sentada delante de su pequeña máquina de coser armando diademas, lazos y pañuelos. La ayudan Frank y Salma, su pequeña familia. Las piezas que salen de sus manos, casi siempre de tela reusada, adornan las cabezas de influencers cubanas, actrices y otras miles de mujeres que se han acercado en el último año para volverse clientas de Agua de Marzo, emprendimiento cubano que produce accesorios para el cabello.

Núñez estudió Derecho en la Universidad de La Habana. Allí impartió clases por varios años. Hasta que, como ella misma cuenta en esta entrevista, en el 2014 se unió a Sandra Lídice Aldama, para apoyarla con el crecimiento de otro negocio local, los jabones D’Brujas. Entonces, Cintia se descubrió también como emprendedora y, en marzo de 2020, impulsada por el aislamiento ante la expansión del Covid19, creó su propia marca Agua de Marzo.

El resto lo cuenta en esta entrevista, que hicimos originalmente en Instagram Live, pero que, como toda llamada que se respete entre Cuba y Miami, tenía demasiado eco en el momento en que se estaba transmitiendo.

El 25 de marzo, en medio de la cuarentena, celebras un año de la creación de tu marca, Agua de Marzo ¿cómo surgió la idea?

Fue una idea que tuve cuando estaba embarazada. Cuando una está embarazada tiene mucho tiempo para pensar todo lo que va a pasar después. Y se me ocurrió hacer accesorios para el pelo, porque era algo que estaba resurgiendo, algo que usábamos mucho en los noventa, en nuestra época de niñas y me gustó la idea. Además de que cuando compraba o me regalaban cositas para la niña, siempre eran hevillitas y lacitos. Y pensé: bueno qué tal si pruebo a hacer estas cosas. Pero yo trabajaba, y trabajo todavía en el emprendimiento D’Brujas, así que Agua de Marzo fue algo que soñé como negocio, pero que no pensé aplicar tan pronto.

Luego vino la cuarentena por el Covid. Estaba un poco aburrida en la casa, sin mucho que hacer, la verdad. Pensé: lo que me sobra es tiempo ahora mismo, lo voy a intentar y si sale mal, no importa. Empecé probando, mirando muchas referencias en internet, y poco a poco se fue convirtiendo en un emprendimiento. Así que realmente Agua de Marzo empezó como una terapia, una terapia en la cuarentena. Pero a medida que los clientes se iban identificando con el negocio, que inclusive repetían las compras y me hablaban de su experiencia, ya me iba poniendo en plan darle un poquito más de forma.

A las fechas ya es un emprendimiento, para mi felicidad y mi estrés también, porque crecer como marca te da mucha más responsabilidad. Agua de Marzo tiene muy buenas referencias y se ha posicionado en el mercado local con con muchísima rapidez. Es algo sorprendente. Si hubiese sabido que iba a tener esta repercusión, a lo mejor me asustaba un poco y decía que no lo podía hacer. Pero nada, aquí estoy.

Agua de Marzo no tiene una tienda física. Con casi tres mil seguidores en redes sociales, es ese el espacio donde el negocio existe.

Sí. Lo más importante que me ayudó a potenciar el negocio a través de las redes fue la intención y la necesidad que surgió durante la cuarentena de utilizar servicios a domicilio. En Cuba, no existía una cultura antes de este tipo de negocios. Sólo se solicitaban domicilios para los servicios gastronómicos, de paladares, pizzería.

De hecho había tenido una experiencia con D’Brujas una vez, cuando estuvimos un tiempo sin tienda porque hubo un fuego, y planteamos hacer el servicio a domicilio y gratis. Pero nadie nos solicitaba nada. Para el cubano salir a comprar era un paseo. Pero eso fue cambiando durante la cuarentena. Hubo que cambiar los estilos de vida y creo que fue una oportunidad para mí. Eso permitió que Agua de Marzo fuera acogido dentro de los emprendimientos locales que estaban en ese momento brindando algún producto o servicio a domicilio.

Es muy interesante el modelo de negocio, porque no conoces prácticamente a ningún cliente físicamente. Todos los contactos son por WhatsApp. A veces alguien tiene la foto de un muñequito en su perfil, tú no sabes quién es la persona y de repente te la encuentras y te dice: “Yo soy la muchacha que te escribió” y respondes: “Ah qué bueno, gracias por usar nuestros productos.” Estas comunicaciones digitales son todo un reto, pero están dando un gran resultado sobre todo por la visibilidad que tiene en las redes Agua de Marzo, y eso aprovecho para agradecérselo a Vitaliana Badía, que se encarga de ese perfil hermoso de la marca en Instagram.

Esto puede sonar un poco extraño en un país como Cuba, donde el acceso a internet es reducido y se supone que hay escaso uso de las redes.

Yo también pensaba que el uso de redes sociales todavía no estaba muy masificado, pero viendo la cantidad de seguidores y los perfiles de esos seguidores, puedo decir que en Cuba hay una gran cantidad de personas que tienen acceso a las redes y que están utilizando sus beneficios. La visibilidad de Agua de Marzo en Instagram ha sido trascendental, porque es la única tarjeta de presentación que ahora mismo tengo. A todas las personas que me preguntan qué hacer, o a veces me piden algún consejo como emprendedoras, yo siempre les digo que usen las redes como carta de triunfo.

Antes habías tenido experiencia en el emprendimiento, con uno de los primeros negocios de esta nueva época de apertura.

Cuando aún trabajaba en la Universidad de La Habana, me interesé por recibir algún tipo de preparación académica relacionada con el tema de las empresas privadas y los pequeños negocios. Pasé un curso que que está patrocinado por la Iglesia Católica que se llama Cuba Emprende. Estaba haciendo la cola para matricular –y tú sabes que en Cuba las cosas más trascendentales surgen en las colas— cuando conocí a Sandra. Sandra es la titular de los Jabones D’Brujas. Ella me comentó sobre su proyecto. Y desde ese momento yo quise trabajar ahí. No nos conocíamos de nada, pero fue una idea que me enganchó, sobre todo porque la mayoría de los emprendimientos estaban muy enfocadas en el servicio gastronómico o servicios de belleza, y D’Brujas se salía de eso, era novedoso en aquella época.

Surgió una amistad entre Sandra y yo. Otra cosa es que vivíamos relativamente cerca y así fuimos creando un vínculo. Un año y medio o dos años después de que empecé a colaborar con ella, me dijo que dejara lo que estaba haciendo en la Universidad porque quería utilizar mi presencia para poner a funcionar el negocio de otra manera. Para mí fue una tremendísima felicidad. D’Brujas es un emprendimiento súper novedoso, muy bien posicionado y tuve experiencias muy bonitas durante su arrancada. Me acuerdo que la gente iba a la tienda y decía “¿jabón de café? Mira que el cubano inventa.” A eso se le agregaba la cultura de usar productos ecológicos, que no tuvieran conservantes. Captamos cada vez más clientes y ese proceso fue súper interesante.

Me decías que te sumaste al emprendimiento el mismo año que Barack Obama visitó Cuba. ¿Qué significó su cambio de política para los emprendedores cubanos?

Influyó en la vida del país en todos los sectores, empezando por el sector del turismo. El turismo se vio beneficiado directamente por la entrada de los cruceros, por el aumento de los vuelos y, a través de este sector, muchos emprendimientos vinculadas al turismo, como bares, restaurantes, hospedajes, también se vieron beneficiados ante el aumento de la demanda de sus servicios. Eso incentivó después a terceros negocios que no estaban directamente vinculados al turismo. Por supuesto, las ganancias de las personas que trabajan en estos establecimientos aumentaron.

Además, la visita de Obama visibilizó más al emprendedor cubano, especialmente después de que se reunió en la Casa de la Cerveza con varios de esos empresarios. Esto posicionó a los negocios privados y a los emprendedores como personas que estaban haciendo algo con incidencia tanto económica como social. Porque estos emprendimientos no sólo tienen una incidencia económica, sino que a nivel de desarrollo local también han logrado cambios en sus comunidades. No digo que todos, pero sí hay muchos negocios que han logrado cosas positivas.

Lo que pasa es que quedaron muchas cosas por hacer, muchos acuerdos por escribir después de esa visita. Pero fue un paso también en lo interno para visibilizar al emprendimiento cubano y mostrar que no eran solo personas que hacían un producto para ganar un ingreso, sino que había todo un estudio detrás de esos establecimientos. Obama también fue publicidad, porque muchas vinieron a conocer tal y tal negocio después de que él estuvo en ellos.

Hablabas ahorita de la cultura de reciclaje de productos que existe entre muchos emprendedores locales, que es también un sello de Agua de Marzo. Cuéntame de esto.

Voy a hablar primero en general del emprendimiento privado cubano, y cómo tiene la intención de lograr ser un emprendimiento sostenible y de utilizar los recursos de la manera más eficaz posible. Eso identifica a la mayoría de los emprendimientos.

En el caso de Agua de Marzo también. Nosotros hacemos accesorios para el pelo, son accesorios pequeños, y en el caso de las telas, por ejemplo, usé al principio muchísimos vestidos míos cuando no podía comprar telas en las tiendas porque estaban cerradas. Después de eso, empecé a potenciar el uso de ropas que, a lo mejor, ya no cumplen una función para vestir, pero a las que estéticamente se les puede dar un segundo uso a través de un accesorio.

A veces los clientes me dicen que tienen un vestido que quieren reutilizar, y les brindamos ese servicio. Así hacemos también un poco de suprarreciclaje, que tanto necesitamos en todo el mundo. No suelo hacer esto con frecuencia, pero cuando las personas quieren algún color específico o le tienen cariño a una tela porque era de un vestido que les hizo su mamá cuando eran niñas, sí lo hago. Me gusta mantener esas historias detrás de los accesorios.

¿Y la relación de Agua de Marzo con otras marcas en Cuba? ¿Cómo surge? ¿Por qué mantenerla?

Unos días antes de la cuarentena, le había entregado unas diademas que hice a una tienda para probar, a ver si se vendían, si gustaban. Era todo muy incierto. Durante la primera etapa de la cuarentena, en marzo, yo tenía fobia a mirar mi teléfono. Todo eran malas noticias, audios que uno ni sabía qué iban a decir y, realmente, estaba un poco ansiosa. Uno de los audios que recibí en esos días, fue de la muchacha dueña de la tienda diciéndome: “Oye, se vendieron todas las diademas. Pa’ lante.” Pero el audio no lo escuché hasta dos días después.

Evitando las malas noticias.

Sí, sí, evitando WhatsApp y toda la información que se estaba moviendo. Pero ese mensaje fue como una luz. Fue el 25 de marzo cuando recibí ese mensaje y yo sentí que me decían: enfócate, olvida un poco lo que está pasando y avanza. Eso también me dio la idea de mantener una colaboración con otras marcas como una herramienta súper fuerte y súper importante para potenciar Agua de Marzo. Sobre todo sabiendo que este tipo de accesorio tiene la adaptabilidad a los intereses de otros negocios. Nos gusta el tema de la colaboración además porque como pequeños negocios, juntos hacemos un poco más de fuerza y tenemos más impacto.

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Publicado por Dainerys Machado

Nací en La Habana, en el cada vez más lejano año de 1986. En el 2009 me gradué de periodismo. Ejercí y viví la profesión durante años, hasta que un día me decidí a estudiar literatura. En agosto de 2014 comencé una nueva carrera, una nueva profesión, una nueva vida. Pero cargué siempre con mis libros de Virgilio Piñera y su “maldita circunstancia del agua por todas partes”. Soy cubana.

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